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EE.UU. contra la Tiranía de las Mayorías

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 Por Andrés Segovia @ReporteroAndres

 

Valera, Trujillo. - Resulta preocupante observar cómo se repiten en los centros y periferias globales discursos populistas que retoman con barniz de sofisticación las consignas de la "democracia total", enemiga de la representatividad y amiga de aquel maleable constructo que llaman El pueblo.

 

Pero ¿qué de negativo puede tener una "democracia total"? Se preguntarán los venezolanos que no aprendieron de la súbita desaparición de la Constitución de 1961 por una coyuntura política en 1999. Pues, nada más y nada menos que todo el peso avasallador de masas que buscan ideales y redentores, caracterizadas -hasta en países tops del desarrollo- por poder votar siendo poco hábiles o desinteresadas en comprender sus instituciones políticas y sus mecanismos.

 

Diferenciaba muy bien el ya fallecido, Ignacio García Hamilton en ¿Por qué crecen los países?, que "mientras en Francia –con quien Latinoamérica comparte y hereda mayor tradición institucional-  la garantía de los derechos descansaba principalmente en la letra de la Declaración de los Derechos del Hombre, en los Estados Unidos la protección se fundaba en la separación de los poderes, en un sistema práctico de pesos y contrapesos y en control de la constitucionalidad por parte de los jueces". Esto último es algo muy engorroso e insuficiente para las siempre urgentes demandas mayoritarias.

 

Con la elección presidencial americana reaparecen las voces contra la representatividad, en este caso encarnada por el sistema de Colegios Electorales, producto de un intrincado entramado institucional que se ha sostenido más de 200 años.

 

Ya vemos a los analistas latinoamericanos de televisión diciendo, desde la superioridad moral automática que reviste ser de un terruño periférico, que la elección en el Norte no es lo "suficientemente" democrática y se requiere una “participación más directa de las mayorías” algo que suena mucho a la quimera de la “democracia participativa y protagónica” de la Constitución del 1999 precisamente porque parte de esas premisas.

 

Argumentan que falta un sistema de voto directo y mayorías simples para ser democrático, pero cuando hacen observaciones a los problemas estructurales de América Latina se toman solo de subterfugios históricos o coyunturales, saltándose olímpicamente las variables institucionales, como las hondas consecuencias que ha tenido el voto directo en las dinámicas electorales de nuestros centralistas regímenes presidencialistas.

 

En su mayoría creen que la solidez de las instituciones está solo en el deber y la norma, pero de ser así cualquier modelo político funcionaria sin más variable que le afecte. Definitivamente el papel lo soporta todo.

 

También escucharemos a voceros que sí hacen vida plena dentro de la política americana y piden hacer "menos complejo" el sistema. Arguyen que es necesario que el votante conozca cómo funciona todo, mas ese argumento es bastante débil y hasta puede alegarse en cualquier país.

 

Recordemos que en EE.UU. los ejercicios legales y políticos están basados en las costumbres locales. Un ciudadano que no conozca a grandes rasgos cómo funciona el sistema, lo hace básicamente por desinterés o falta de acceso a la información, pero casi cualquiera que se tome unos minutos para leer cómo funcionan los Colegios Electorales puede entender cosas la representación de los Electores Delegados por estado basados en el número de puestos en el Senado para dar sentido y peso a la federación en la elección presidencial.

 

Entonces ¿por qué hay grupos pidiendo hacer un cambio en el modelo de los Colegios Electorales? Detrás de la simplificación está la intención de hacer una política más populista -para grandes mayorías- y mucho más centralista desde el punto de vista político y administrativo -fórmula amenazante para un país presidencialista como ese- porque la búsqueda de los votos quedaría en los núcleos urbanos principales y eso repercutiría en un cambio de focalización de recursos e intereses estratégicos de los políticos, vaciando a la federación de contenido y peso, entre más cambios.

 

Otro argumento en contra de este sistema es que simplemente hay que cambiarlo para que sea como el de “los demás países”. Esto es una suprema levedad, en 1787 erigieron una Constitución con ese sistema ¿por qué abolirlo y no perfeccionarlo o seguirlo adaptando a los tiempos? Además, ¿cuáles son esos países a imitar? Porque si quieren ser como Suecia deberían reformar el Estado asumiendo un gobierno parlamentario, no se puede cambiar el sistema de elección partiendo de que nada más se afectaría.

 

Un supuesto fin del sistema de Colegios Electorales dejaría atrás un genuino legado político de los Padres Fundadores para la humanidad. El resultado tangible de su reflexión filosófica sobre la limitación del poder del Estado por medio de las mismas instituciones, algo brillante cuando vemos el regreso del encanto por los hombres fuertes o paraísos terrenales.  

 

El temor legítimo que estaba tras la configuración de un modelo tan complejo fue llamado por Alexander Hamilton, en The Federalist, la "tiranía de las mayorías" porque ni los pueblos son “la voz de Dios”, ni la democracia es un fin en sí misma, en ella siempre yace la amenaza a las minorías.

 

Es un sistema que está hecho para que ningún poder, inclusive el de las mayorías, avasalle a otros. Por eso es que el llamado facilón de la política populista contra la representatividad solo puede abrir las Cajas de Pandora desinstitucionalizadoras de los borrones y cuenta nueva.    

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12 de octubre: Un descubrimiento en extenso

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Correo: andrulenon@hotmail.com @AndrulenonSeg

Ibéricos y aborígenes americanos correlativamente suscitaron en el siglo XIV un devenir de descubrimientos que implicaron conflictos inmediatos, no sólo entre sus dos culturas, sino dentro de ellas mismas. Conocer a “esos otros” tuvo un impacto inminente en cada civilización, ya que se trató “de uno de los momentos cumbres de la historia universal porque significó el encuentro de dos mundos humanos que se habían desarrollado independientemente, sin que uno conociera la existencia del otro.”(1) Así lo expone Tzvetan Todorov en su libro “El descubrimiento de América: el problema del otro” y sin duda es así, los hechos más relevantes de ésta historia comienzan con las aparentemente irreconciliables ópticas que en ese momento se miraron directamente.


Catedral de Mérida, Venezuela
(Fotografía: Andrés Segovia Fuente:  http://andrulenonseg.tumblr.com/archive )

Para los navegantes españoles, los mitos creados por sus imaginarios propios de la cultura europea, fueron reforzados y expuestos como interpretaciones a esa  impresionante geografía y curiosas sociedades aborígenes del nuevo continente. América  se transformó para ellos en un inmenso test de Rorschach en el cual plasmaron sus deseos y temores. Así el “Nuevo Mundo”, en especial para los letrados que vivieron ese período “bisagra” entre el Medioevo y el Renacimiento (descubrimiento, conquista y colonización), es el lienzo para imaginar la existencia de la Utopía de Tomas Moro, o la existencia de los pueblos habitados por “buenos salvajes” en medio de geografías fantásticas ricas en codiciado oro, diamantes y otros tesoros imposibles; donde seres, igualmente fantásticos, aparecen con regularidad por doquier.

 Los aborígenes también tuvieron que interpretar la realidad. Una que ahora compartirán con los europeos. El impacto del "descubrimiento" les fue rotundo por estar organizados en sociedades totalmente tribales, caracterizadas éstas por “ser de un orden cerrado”, en la cual la individualidad se ve anulada totalmente ante los grupos, así las acciones de sus miembros siguen nociones rituales, en este caso, centradas en la naturaleza (su ambiente y fuente de conocimientos). 

En unas notas recogidas por David Pryce-Jones, en su libro  "The Closed Circle, an Intepretation of the Arabs", él expone a consideración rasgos característicos y generales de las “sociedades tribales” que claramente poseen los pueblos aborígenes americanos.  Para estos modelos de sociedad la “ampliación y perpetuación de la tribu no requiere justificación. Al vivir cerca, los miembros de la tribu no pueden sino compartir recursos más o menos equitativamente”. En un contexto así, la presencia de extraños, como otros pueblos indígenas, pueden provocar con facilidad, luchas tribales al interpretar el contacto con el foráneo (el roce de los "otros") como una amenaza a su equilibrio social. Sin embargo, “el enemigo de hoy puede transformarse fácilmente en el aliado de mañana contra algún tercero”(2) como sucedió muchas veces entre esos mismos pueblos y luego contra los españoles en su faceta de conquistadores (se pueden recordar, por ejemplo, las luchas lideradas por el cacique venezolano Guaiacaipuro al convocar un levantamiento de todas las tribus de la zona central del país en la década del 1560).

Paramos andinos venezolanos. Mérida, Venezuela
(Fotografía: Andrés Segovia Fuente:  http://andrulenonseg.tumblr.com/archive)

Estás culturas fueron las protagonistas de un descubrimiento mutuo que por su impacto llevó irremediablemente a un choque de ópticas que no se comprendían. Los nativos sólo pudieron reaccionar de dos maneras, una era resistirse activamente, algunos con precario o nulo éxito porque tarde o temprano cayeron; y en cambio otros pueblos, o fracciones de ellos, colaboraron activamente con los ibéricos  generalmente por enemistades con otras poblaciones o por privilegios. El desarrollo material, coactivo y evangelizador  católico de los peninsulares dominó a éstas civilizaciones que todavía no llegaban a la edad del hierro.

  “Esos pocos hombres, en menos de sesenta años, antes de 1550, habían explorado el territorio, habían vencido imperios, habían fundado casi todos los sitios urbanos que hoy  todavía existen (más otros que luego desaparecieron), habían propagado la fe católica y la lengua  y la cultura de Castilla en forma no sólo perdurable sino, para bien o para mal, indeleble.” (3) (Rangel, 1975, p. 21-22)

Tras esto, los españoles le importaron a sus nuevas tierras negros africanos, completando la amalgama racial que tendría como paleta de mezclas el nuevo mundo. El hombre negroide, uno que parece estar siempre condenado a vivir, crecer y ser alguien (en esa época “algo”) fuera de sus latitudes originales; trae consigo otro modelo tribal dueño de sus propios imaginarios. 

Sus lenguajes son basados en tonos (por lo que el nivel del sonido determina los significados), la música y danzas (como modo de comunicación o socialización). Todos sustentados en ritos religiosos que tienden a girar alrededor de la adoración del antepasado o el animismo(4) que considera la existencia de una fuerza vital universal conectora de todos los seres, así como la creencia en una relación estrecha entre las almas de los vivos y los muertos (5).

Consecuencia directa de la imposición de los santos católicos a los negros esclavos. Estos por razones de supervivencia fingieron aceptar las imágenes religiosas europeas para proteger sus propias creencias. El fenómeno se encuentra en expresiones como el santerismo,  vudú haitiano, el candomblé brasileño, entre otros.

Todo el proceso de la conquista y colonización fue una condena a encontrarse, que con el pasar de los siglos formó todo un caleidoscopio  racial, religioso y cultural. Un modelo claro de sincretismo, existente hasta ciertos grados en todas las culturas, pero con un impacto excepcional en Latinoamérica. 

 El 12 de octubre es una fecha que da pie a largas y apasionadas discusiones, pero el hecho contundente es que la mezcla de las culturas confluentes en este territorio americano dio origen a unas nuevas, y todavía (en su mayoría), desenrumbadas sociedades latinoamericanas. Entender a la diversidad concentrada en este territorio, como característica clave, puede ser el primer paso a "descubrir".

Referencias:
          1-   Todorov, Tzvetan (2002). El descubrimiento de América: el problema del otro. Santiago de Chile.
2.       Pryce-Jones, David. La Sociedad Tribal. Notas sobre el libro "The Closed Circle, an Intepretation of the Arabs". Extraído el día 9 de octubre del 2012. Desde: http://www.neoliberalismo.com/David0207.htm
3.       Rangel, Carlos (1975). Del Buen salvaje al Buen Revolucionario. Caracas. Ediciones Monte Ávila pág. 20 y 21.
4.       Cultura de África. Wikipedia, enciclopedia libre. Extraído el día 9 de octubre del 2012.  Desde: http://es.wikipedia.org/wiki/Cultura_de_%C3%81frica
Animismo. Wikipedia, enciclopedia libre. Extraído el día 9 de octubre del 2012. Desde: http://es.wikipedia.org/wiki/Animismo





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